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domingo, 13 de febrero de 2011

El tianguis del amor


Por: Viridiana Fierro Ruiz

En la cultura mexicana tenemos bien arraigado eso de “los tianguis”, “el mercado los domingos” y  pasará a la posteridad en la memoria colectiva de nuestro pueblo. El llamado comercio informal, el ambulante, mueve a las masas. Los gritos y la verbena siempre han sido las reacciones que hacen estallar a las tradiciones cuyos efectos   retumban en nuestras vidas y en nuestras vírgenes mentes. Tales explosiones de sabor convocan a las multitudes al gasto a consumir bienes con fines precisos (necesarios) ó nos lleva a la fatalidad de consumir de manera exorbitante (bienes sobrados, inútiles, superficiales, es más, lejos de ser bienes son perjuicios).

Antes de seguir con esa fatalidad hablemos del ambiente en un mercado.  El domingo pasado, mientras veía una lona azul del puesto de la señora de la pancita zangolotearse por el viento,  comencé a contemplar al mercado como un conjunto, concentre mi sentido auditivo, mi vista  y olfato a toda la bulla que involucra “la merca”, el olor del chicharrón, el señor del puesto de verduras ofreciendo gajos de mandarina y probaditas de aguacate, niños vendiendo cerillos agitando las cajas cerca de tus orejas invitándote a que los compres, el rechinar de las maquinas para hacer tortillas, algunos con sus bolsas tradicionales del mandado otros con sus carritos esos que estorban en el pasillito porque todos queremos pasar y ahí están paradotes platicando, se escuchan en las pollerías y carnicerías los golpes a la carne cuando pides bistec, ¡¿Qué le damos, que va a llevar?!, gritan todos, “pásele huerita, pásele”…entonces, llega a nuestros oídos la música, llegamos al puesto de plásticos, de ropas,  al de las cosas de tres pesos,  llegamos al barrio chino.

Los tiempos modernos nos han llevado a consumir toda clase de baratijas provenientes de China o de otros países menos del nuestro,  el consumo llegó para quedarse, entonces, consumamos, sí,  consumamos hasta explotar,  pero con productos mexicanos.  Si la base de nuestra economía es el comercio, pues a darle, aunque debemos tomar en cuenta: Made in China, la piratería, lo robado, lo que genera basura. Lo anterior podría generar una confusión de ideas ya que dije que consumiéramos y consumiéramos, pero después digo las excepciones, lo que trato de decir para no hacerlos bolas, es que exista un consumo inteligente con base a nuestras necesidades reales y que a pesar de que la venta de todos esos productos de orígenes dudosos e inservibles  para muchas familias es fuete de ingreso, la verdad es que los mexicanos somos tan ocurrentes e ingeniosos que segurito hallaremos la forma de remediar esa situación sin afectar al comercio ambulante.

Quise orientar este texto al amor por las tradiciones y al desamor por un consumo que empobrece nuestra calidad de vida y en consecuencia al medio ambiente,  además es éste último en el que la sociedad se sumerge todos los días festivos ¿no?

Escribir la palabra “amor”, hablar sobre “Made in”, “los tianguis” y mi pequeña experiencia en el mercado,  en esta colaboración,  fueron buenos pretextos.
En la medida en que sigamos lastimando nuestra cultura, seguiremos  hundiéndonos en ese fango del que ya estamos artos pero del que no queremos escapar, ¿querían una historia de amor?, ahí esta.

El amor que nace de la identidad de un pueblo,  es lo que nos hace luchar contra la adversidad,  lo que nos mueve para hacer un cambio. A pesar de que aquí las cosas siempre se pongan feas, algo  debemos hallar,  ¡algo!, algo necesitamos rescatar, algo que nos haga seguir amando.


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