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domingo, 10 de abril de 2011

Después de la marcha


Por: Viridiana Fierro Ruiz

De regreso a casa tome el camión. A la mitad del camino subieron dos personas; cuerpos obesos de edad adulta, la señora llevaba muchos bultos, el señor solo uno en su espalda.  El camión iba muy lleno, de modo que, le costó trabajo a los dos señores acomodarse en el pasillo con todas sus chivas y sus cuerpos. La señora se poso a lado mío, pegándome mientras se deslizaba y poniendo su panza encima. Olía a cebolla, mucha cebolla. Hablaba con su señor, imagino que lo era. Decía cosas de los camiones llenos, de las tortas de la excursión, de la inseguridad y otra vez sobre los camiones, decía:
“pues ya ves que cuando los rateros se suba  los nuevos camiones, las puertas se van a cerrar y el ratero se quedará  encerrado hasta que la policía llegue”
Después tremendo comentario el resto del camino a casa, no hice más que imaginar la situación:
El ratero entra al autobús, “de los nuevos”, nos amenaza con una pistola, de pronto el dispositivo de ultra tecnología mexicana con lucecitas parpadeantes y música de fondo, y que además,  es “el identificador de ladrones”,  se enciende.  El susodicho se espanta y nos apunta con su arma, viene la intimidación con palabrotas que todos podemos decir, pero como él trae un artefacto que puede atravesar la piel y provocarnos la muerte, resulta efectiva su intimidación, tan perfecta,  como los infomerciales, te lo tragas todo, todito. En el autobús se ponen los pasajeros tan nerviosos que alguien,  como reacción, se quiere bajar y patea la puerta, el asaltante va por la persona que se paró y lo sienta a chingadazos.  Una señora comienza a llorar y también se la suena.  ¡Imaginen la escena! El arma dando vueltas como loca, apuntando a las cabezas, el ratero solo quiere salir del camión antes de que llegue “el señor justicia”. De pronto se escucha un sonido muy fuerte, es el escape de un camión de carga, después, se oyen disparos. A consecuencia del ambiente de tensión en el autobús, y del sonido proveniente de fuera, el delincuente  reacciona disparando, rompe una ventana y huye, huye lejos sin dejar rastro alguno ni vida alguna. Llega la “policía” y saca sus conclusiones  -de seguro lo provocaron, fue por eso que se los echo, bola de brutos si dice el comercial que “si te asaltan no te resistas dales todo y no los veas”, sí seguro lo vieron y se resistieron (sí eso dicen los comerciales, ¿o no? “si eres víctima de una asalto no te resistas, no mires al delincuente,  encomiéndate a todos los santos para que no te maten, violen o golpeen, solo que se lleven tus pertenencias, esas que tienes gracias al fruto de tu trabajo y que en casa las necesita tu familia”. Entonces…¡¿si estamos hast                                                   a la madre?! Prosigo con las conclusiones de nuestros guardianes uniformados- Bueno, pues se pelo el pistolero, lo chido es que no tendremos que pedir declaración a nadie, je, je. Ya que hacemos, luego le echamos la culpa a alguien más- .

Después de la marcha, después de la lectura de poesía,  de la música,  de las fotos, los aplausos a las voces que se atrevieron a decir: “ya estamos hasta la madre”, de sentir la solidaridad de un pueblo solo por unos instantes,  regresé a casa, tomé el camión y a la mitad del camino se subieron dos personas…      
El resto ya se lo saben. Hoy, recordando el 6 de abril, me veo confundida,  después de ver qué poco le interesa a la ciudadanía  (en Toluca) que muera tanta gente de manera violenta, sin razón y por las injusticias ya habituales. Que si no le pasa a nadie de mi familia, entonces no me interesa, que si no lo dicen en la caja idiota no vale, no tengo tiempo para esas cosas- dicen, la rutina se vuelve un obstáculo: me van a descontar el día, no me dio permiso mi jefe. Y los que no tienen nada que hacer quieren seguir haciendo nada.



                                            

1 comentario:

  1. exelente me encanto todo, todo! hasta las letritas chiquitas jeje, esta MUY Bien.

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