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domingo, 17 de abril de 2011

Aguelito

Mi abuelo Sidonio solia darnos un manotazo cuando tronabamos el chicle. Por la tarde noche agarraba su matamoscas y, con su clasico arrastrar de pies, mataba a las moscas lentamente. Solia vendernos los dulces rojos de bola, esos que luego se me atoraban en la garganta. Ahí sentado en su sillon, viendo la tele. Se quedaba dormido. Su dedal, su cinta métrica, su greda y la aguja que sostenia con los dientes. Ay mi aguelito y su itacate en Acapulco. Ay mi aguelito y sus uñas de los pies que casi atravesaban sus pantuflas.

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