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martes, 10 de mayo de 2011

Lombriz sueña con tierrita

Crujía la casa, las vibraciones se agudizaban. Lombriz estaba contenta.
Con sus chapitas en los cachetes regordetes de durazno y de cabello rizado, Mina era una niña de 8 años que siempre soñó con ser una lombriz. Decía que quería vivir en las profundidades de la tierra en donde se pudieran escuchar los pasos de la gente, en donde pudiera ver cómo el agua se filtraba y como las raíces de los árboles y las plantas crecían, quería ver como una zanahoria asomaba su narizota, quería divertirse viendo cómo la raíz de un árbol tronaba el pavimento y terminaba con un poquito de urbanidad. Quería saber cómo es que se escuchaban las gotas de lluvia al caer al suelo; si aquello sería una experiencia aterradora o le parecería tan normal como el ruido que hace el maíz palomero cuando explota en la olla de las palomitas.
Después de la escuela Mina se tomaba el jugo de jitomate que su abuela le preparaba todos los días a la misma hora, estaba en la mesita esa de la cocina, fresco, con un poquitín de azuquitar, delicioso –esto que siento lo debe sentir el malvón del jardín cada vez que mi abue le da los sobrantes orgánicos. Se debe sentir nutrida, como yo me siento– decía Mina desde sus adentros, porque cuando lo decía en voz alta, su madre siempre le salía con un “¿de qué hablas hija?, ¿quién te dijo eso?, ¿fue la maestra?, tengo que hablar con ella para que te deje de meter ideas tontas en la cabeza”
Sucedió aquel día, Mina despertó a las siete con dos minutos, sintiendo un dolor en su pancita, estaba inquieta y varias veces le dieron ganas de llorar. Se preguntaba qué le podría estar pasando si se había portado bien y no había comido tantos dulces como de costumbre. “Mami me siento mal” decía con los ojos llorosos y puchero incluido. La madre de mina no había podido dormir por estar habiendo las cuentas de las mensualidades de la casa y venía arrastrando una bronca en el trabajo desde ya casi un mes. No le prestó atención, le ayudo a vestirse y le dio el desayuno.
Mientras caminaban rápido hacia la escuela mina se daba cuenta de que cada dos segundos su suéter se hacía grande, después de tres minutos había dejado los zapatos en el camino.
Mamá…mamá, mami, ¡mamáaaaaaaaaaaaaaaaa!
Cual cuento antes de dormir, Mina había pedido con todas sus fuerzas ser una lombriz la noche anterior al episodio. Con su cuerpo larguchon y rosado, Mina, la lombriz, se pasea por el jardín de la abuela saboreando los nutrientes y se sumerge en lo profundo de la tierra. A veces su mamá la lleva a una que otra jardinera de la cuidad para comprobar lo de las raíces de los árboles. Mina la lombriz digamos que es feliz, aunque extraña darle besos y abrazos a su mami y a su abuela, jugar a la comidita con sus amigas, volar un papalote o ponerse unos zapatos, es por eso que todas las noches sueña con tener brazos ó ser niña otra vez.

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