La ventana de la cocina que, casualmente da al traspatio en donde esta el comedero de los cerdos, de la casa de Gregorio, está rota, algún malandrín dejó caer un tabique de esos rojos que están en la construcción de al lado, sin querer. Esta es la tercera vez.
Son casi las 6:30 de la mañana y Gregorio tiene que salir, se le ha hecho tarde como siempre para ir al raspar el maguey. Se frota los ojos, bosteza y echa sus cosas encima de Candy (su mula). Una nueva idea alberga en su cerebro, rebota entre las demás como si no supiera donde estacionarse, la parte de su cerebro que resuelve los problemas está llena, la de la memoria acaba de ser clausurada por el mal recuerdo de aquella mujer, pero en su hemisferio cerebral derecho, la parte de lo artístico y de la imaginación, ha sido desalojada.
Se escucha a lo lejos un avión, Gregorio levanta la mirada al cielo y al mismo tiempo que ve el avión un ave pasa muy cerca de él.
¡Aja, con que sí!, ese avión le copio a este pájaro– dijo Gregorio de manera burlona.
Al llegar con el compadré Constantino, ocurrió algo muy raro. Gregorio tuvo unos mareos, vio la cara de su compadre hacerse chiquita y grandota, de pronto Candy le habló y en esos momentos fue que le llegó la idea que les dije al principio, se alojó, se dejó caer como un bulto de cemento. La idea: el origen del mundo. Habría que preguntarse también cómo era que a aquel hombre canoso, flacucho y dormilón, cuyas tres esposas lo habían dejado en la banca rota por borracho y con una novia llamada Consuelo, hija de compadre Próspero que en paz descanse, la cual tenía ya tres chilpayates desde n’antes de conocer a Gregorio, y que desde hace una semana que se habían agarrado del chongo, iba a pensar semejante cosa, a sus 48 años Gregorio pensando en el origen del mundo.
Gregorio no sabía nada sobre la teoría del big bang, no sabía que el planeta tierra es el tercero del sistema solar, no sabía nada sobre los dinosaurios y mucho menos sobre la evolución, o tal vez de manera indirecta sabía que su estirpe había evolucionado de tal manera que él caminaba más derecho que su abuelo Delfino y que le habían salido dos colmillos arriba de los que normalmente tenemos, esto, para poder morder mejor la carne, al menos eso creía. El recordaba que en la iglesia le decían que Dios había creado el cielo y la tierra y que por otro lado, el diablo existía y era muy, pero muy malo.
–¡Ah!…entonces el diablo creo a la mujer– decía.
En el preciso instante cuando el párroco estaba por decir en misa quién o qué había creado al hombre, a los animales y a las plantas, a Gregorio lo andaban buscando, era su madre que estaba enfadada porque él, junto con su mejor amigo de la infancia, habían cambiado unas gallinas por un par de tragos en la cantina. Gregorio ya no escuchó.
Tantas cosas que tengo en la cabeza, que apenas y podía pensar en el origen del mundo– Gregorio se dijo.
Al día siguiente, después de los mareos, él se levando como un zombi queriendo encontrarle respuesta a todo lo que pasaba a su alrededor, cosa que nunca había echo, la borrachera o las mujeres no le permitieron saber, tantas cosas que había ignorado desde el día de la misa. ¿Cómo es que el sol siempre esta ahí cuando me levanto? Tan simple como eso.
Andaba preocupado, le preguntaba a los compadres, a las comadres, a los niños que salían de la escuela (los que se espantaban y decían: “ahí viene el loco preguntón, ¡córranle!”). La comadre Prudencia, le decía: “mejor échate un pulquecito Gregorio y deja de andar pensando en tarugadas”
– ¿Que tal que venimos de otro planeta compadre?
– Ay pinche Gregorio, a ver, ¿cuantos planetas conoces?
– Ah caray, no pos si verdad (¿?).
Y así pasaron los días, Gregorio espantando a los niños a la hora de la salida de la escuela, molestando a sus amigos, tratando de explicarse ¿por qué llueve?, para qué estamos en este mundo, cómo es que surgió vida en el planeta y cómo éste se formó.
Un día antes de su muerte, Gregorio convaleciente por una enfermedad extraña, hizo a su compadre leerle un libro de ciencias naturales y uno de química, quería saber cómo es que se formaban las nubes y cómo se le llama al proceso en el cual el aguamiel se convierte en pulque.
El día viernes 13 de Mayo de 2004 Gregorio murió preguntándose que era la condensación, y qué son las bacterias.
Por: Viridiana Fierro Ruiz
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