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viernes, 26 de noviembre de 2010

Esa cosa inolvidable
Por: Bicha Fierro

Esas vacaciones con mis amigos en Acapulco fueron inolvidables, en primera me fui sin permiso, tenia 18  y  lo único que quería era pasármela bien. Llegamos a la casa del primo del amigo de mi amigo o algo así, el chisme fue que tuvimos un lugar donde quedarnos. Los tres días que estuvimos ahí, mis amigas no dejaban de beber y Lalo y Chucho (mis amigos) de coquetear con gringas o con lo que se moviera. Paola (una de mis cuatas) conoció a un tipo que Chucho le presento en un antro, solo porque le invito un trago según ya eran súper carnales. Esa noche no supimos de la Pao, a mí si me preocupo, pero a los demás les valió madres. Total que a la mañana siguiente como eso de las 10, Paola llegó bien quitada de la pena preguntando que había de desayunar. Lulú le dijo que huevos y vodka.

La última noche que estuvimos allí, Lulú, Paola, Chucho, Lalo y yo fumamos marihuana y fuimos a bailar. Créanme nunca pensé que nos pudiera haber pasado los que nos paso.

10pm: entramos a un antro, estaba hasta su madre así que pasamos una hora ahí y decidimos salir he ir a otro, en el camino nos encontramos con unos señores que se ofrecieron a darnos un tour por todos los antros, dopados y con alcohol en las venas dijimos, ¡pus va! Nos subimos a un coche y media hora después estábamos todos en un sitio horrendo y oscuro. Uno de los señores saco del carro a Chucho y a Lalo.  A punta de golpes se los llevaron a no sé donde, las chavas y yo solo veíamos y no podíamos creer lo que estaba pasando. Lulú empezó a llorar y mi corazón a latir más fuerte. Al cabo de unos minutos alguien subió al choche y comenzó a manejar.  Era un hombre balbuceando no se qué cosas. Yo solo cerré mis ojos, después, sentí como el carro paro. Se abrieron las puertas y el hombre nos saco a jalones.  De pronto estábamos frente a un montón de tipos feos diciéndonos de groserías y gritándonos que nos desnudáramos, uno de ellos tenía un arma apuntándonos.

Un tipo me señalo y después me llevaron a un cuarto. Por unos minutos me quede sola, después entro un  hombre. El tipo me hablo con mucha calma, me pregunto mi nombre y que si sabia el por qué estaba ahí, yo no pude contestar nada, me faltaba el aire y me quería morir. El hombre aquel, se bajo su pantalón e hizo que me arrodillara - mámamelo, me dijo, para eso estas aquí-
Me fui acercando  con ganas de matarlo.  Entonces, cuando tenía esa cosa asquerosa frente a mí, que se la muerdo al puto, hasta sangrar. El grito de dolor que emano e su garganta alentó mi furia y salí corriendo de ese lugar sin saber a dónde ir, solo corrí y corrí.

Un mes después, me encontré con Paola y Lalo, Chucho todavía estaba en el hospital de la golpiza que le dieron y Lulú estaba en Canadá, sus papás se la llevaron a vivir allá después de lo que ocurrió. Después de que yo salí corriendo, Lulú y Paola aprovecharon la conmoción de los hombres al entrar al cuarto y ver al maldito tipo chillando de dolor. Alguien encontró a Lalo y a Chuco y los llevaron a un hospital. Eso es inolvidable.

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