ME

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viernes, 26 de noviembre de 2010

Esperaré



Uno de tantos fines de semana sola me hizo recordar un amor de esos traperos, malos, pero a la vez sabrosamente dolorosos.
Se llamaba Pedro, era del sur. Su madre era dueña de un table dance (o sea, de un putero,  como lo suelen llamar). El decía que no le gustaba eso, que odiaba eso, pero que finalmente tenía que entrarle al negocio (como son las cosas, ¿verdad?).
Un domingo de julio,  próximo a mi cumpleaños, toco a mi puerta con un regalo.
¡Wow!, sólo tenemos un mes de conocernos y ¿me da regalos? –pensé.
Me regaló la discografía de metallica en una hermosa caja de metal con un montón de estampitas que decían: te amo, eres la mejor, nunca me olvides; entonces fué que me asuste y me sentí cual ratón acorralado a punto de darme muerte. Me gusto mi regalo, sí, pero no podía creer que una persona me amara en tan poco tiempo. Y después organizo un  fiesta para festejar mi cumple, no sé cómo le hizo pero esa fiesta estuvo genial.
Poco tiempo después, (digamos quince días) me invito a una de sus reuniones familiares, aquel día si podía ir pero no quise. Al parecer se enfado argumentando que él no quiso asustarme con eso del compromiso, que solo quería pasar tiempo conmigo y que si para mí era demasiado pues entonces esto no iba bien.
Bueno- dije muy convencida de que era mejor distanciarnos y no ser más que amigos.
El dejó de buscarme, yo comencé a dudar de aquella decisión que había tomado un mes atrás.
Sí,  han pasado tres meses y aun sigo pensando en él.
Una noche, cerca de las 11 pm, sentí un escalofrió, que uno, muchos escalofríos juntos que hicieron que casi sintiera un orgasmo, esos escalofríos rodeaban mis senos y sentía que entraban rápidamente a mi vagina, entraban y salían, entraban y salían, entre rápidamente al baño, quería notar la reacción en mi rostro comencé a sonrojarme, pase mi mano por detrás de mi cuello y arrastré un poco de sudor, los escalofríos se intensificaban aun más hasta llegar a ser remolinos de excitación, quise llevar mi mano a mi sexo rápidamente pero esperé a entrar a mi recámara, apague la luz y fue entonces que comenzó todo. Se me vino a la mente la cara de Pepe, sus manos, su enorme entusiasmo y esa forma de decir que me quería, más , más, más rápido y más despacio, le decía repetidamente de pronto estábamos en su cama riéndonos de  cómo había sido nuestra primera vez. El con una bailarina amiga de su mamá, y  yo; con un vecino que solía tocar las rolas de los rolling en bares del centro.

Me desperté como a las nueve de la mañana, se me había hecho tarde para el trabajo,
-De nuevo se te pegaron las cobijas – me dijo mi jefe en tono desganado pero con confianza.
Mientras escribía el encabezado de una nota para el periódico, recordaba lo bien que había pasado la noche. Aquel día recibí un mensaje en mi móvil, era Pepe, después de cinco meses y después de  haber soñado con él. Vaya que sorpresa-le escribí. Quedamos de vernos esa noche para charlas de nuestras vidas.

Para cuando llegue al lugar acordado, él ya estaba sentado bebiendo café (le gusta mucho el café). Se veía genial y yo me sentía tan segura que si alguien me gritaba en la calle ¡araña!, ¡vieja fea!  Ó  ¡guacala!, no me hubiese importado.
Me contó de un viaje que había hecho a Veracruz y los motivos por los que dejo de visitarme, me dijo que había conocido a una chica pero que esta vez no la quiso asustar,  tanto que la chica lo bateo por no hacerle caso.
Quien las entiende- me dijo riéndose pacíficamente.
¿Y tú?, que me cuentas Manuela.
Cuando me pregunto eso, se me vino el escalofrió de la otra noche y lo mire y se lo dije. Le dije que nunca deje de pensar en él tanto que me masturbaba pensando en sus manos. No pasaron más de cinco minutos cuando una vez más estábamos en mi cama. La recamara se encendió tanto que tuve que llenar la tina con agua fría para meternos y continuar amándonos extasiadamente, el agua es un escenario perfecto en esto del sexo, aun más,  si existe una furia controlada en los labios y en las manos, estaba dispuesta a comerlo como la viuda negra al macho después de la copulación.

Estuvimos juntos  por seis meses más, después sucedió.
El 13 de marzo de  2005 tuvo que ir a Veracruz otra vez.
Regreso en una semana- me dijo sonriendo. 
Esperaré. Le dije.
Han pasado tres.


Por:  Bichita Fierro Ruiz

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