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viernes, 26 de noviembre de 2010

UNA ESCULTURA VIVIENTE
Por: Viridiana Fierro Ruiz

En yucateco el itz es la savia, la vida latente en el interior de un árbol. Es relacionado con los términos: “leche, lágrima, sangre, sudor, agua,  resina, etc. Se puede decir que dentro del árbol se transfieren líquidos, éstos  son asimilados en la cosmovisión maya como  secreciones corporales o,  mejor dicho,  son sustancias referidas con la vida, la fuerza y la procreación, entonces podemos resumir y concluir que de acuerdo con tales pensamientos, por el árbol fluyen líquidos de dominio tanto femenino como masculino, dentro del árbol circulan fuerzas sagradas con esa dualidad macho y hembra con el fin de procrear. Así se puede uno adentrar a la historia de las cosas que habitan en esta tierra y seguir y seguir, esta es la ocasión de la escultura viviente; el árbol.

Separadamente de los conceptos místicos, teológicos, filosóficos y mitológicos a cerca del árbol, también existen los científicos. En los orígenes de la tierra,  las cianobacterias, un ancestro de las especies de plantas que ahora existen y que han  transformado la atmosfera, forman parte importante en la evolución de las especies, el árbol heredo de estas algas, la capacidad de captación de luz, acumulándola y transformándola en madera y hojas. El árbol es como un genial resultado debido a su perfecto origen, un origen que depende del equilibrio,  es un componente natural en movimiento constante, creciendo sin prisa hacia la luz.

Si hablamos en términos biológicos, un árbol es una planta leñosa que tiene una raíz, un tronco,  una copa, ramas,  flores y frutos. El tronco está formado por millones de células leñosas en forma de fibras, radios y vasos, proporcionándole sostén,  almacenamiento, conducción y reserva de nutrientes. La copa del árbol no es más que las ramas y hojas que conforman la parte superior, en donde se puede realizar el proceso de la fotosíntesis. Las flores, conforman la estructura reproductora, que, junto con los frutos,  hacen una mancuerna total para la generación de la semilla y entonces un nuevo árbol  pueda nacer. Las raíces tienen como función la alimentación de la planta y el anclaje, penetran en el suelo abriendo espacio sin que nada les estorbe.

No importa de qué tamaño sea, un árbol siempre será parte fundamental en nuestro ecosistema, dependeremos de él siempre. Se ha comentado últimamente sobre la adopción de árboles, algunas compañías han apostado a estos programas y al parecer han dado resultado. Hay quienes se preocupan mucho en estas épocas por la tala de árboles de navidad, pero bien es cierto que la gente que se dedica a la producción de árboles de navidad (pinos o abetos), repone el árbol que fue vendido (cortado),  reforestando, de esa manera sigue aportando al equilibrio del ecosistema.

En las ciudades los arboles proporcionan un ambiente natural y un habitad para alguna que otra especie silvestre, además de proporcionarnos una mejor calidad del aire, aunque no habría que dejarles todo el trabajo, la humanidad en sí, tiene la responsabilidad de ayudar y detener tantas emisiones de CO2. De otra forma pueden controlar el clima al moderar los efectos del sol, el viento y la lluvia. Cada vez que nos acercamos a un árbol luego luego sentimos la frescura de su sombra eso quiere decir que se modera el efecto del calor causado por el pavimento, los edificios y todo lo que una ciudad implica.

Por último los arboles no solo una planta, forman parte de los eslabones que requiere el planeta tierra para que sea habitable por nosotros. Siendo enormes o de mediana altura,  con simpáticas formas, unos con mas hojas que otros, con copas más anchas que otros, con cientos de años o jóvenes, con vistosas flores o con frutos comestibles, no dejan de ser esculturas vivientes que al pasar de los años han visto tantas cosas que sería bueno que algún día le preguntáramos a un árbol: oye árbol, y tu ¿Qué tanto has visto?

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