Ok, ya basta!
Mientras leo en el periódico un clasificado, recuerdo que mi madre solía decirme lo mal que se me veían esos zapatos rojos que me regalo mi papá, claro que yo no le hacía caso, esos zapatos eran mis preferidos.
Aquel día que fui en busca de empleo un chico amanerado me sonrió y me dijo: qué bonitos zapatos nena.
Gracias- respondí, después me dio risa porque no supe si lo decía en serio o se estaba burlando de mi, pero quise pensar que si, mis zapatos eran los más bonitos del camión en el que venía.
Cuando llegue a la dirección del periódico, noté que eran unas oficinas de lo mas rascuachas que había visto en mi vida, pero no tenia de otra, tendría que entrara solicitar el puesto que estaban ofreciendo. Al entrar el vigilante muy amablemente me saludo y me pregunto el motivo de mi visita, no me lo van a creer, pero eso de la oficina rascuacha desapareció al entrar al lugar. Después me dirigí al escritorio principal en donde la señorita recepcionista y pidió mis datos – espere un momento por favor- me dijo sonriente- a juzgar por su apariencia era una chica de alrededor de 26 años, soltera y sin algún trabajo de ortodoncia por lo que hubiera preferido que no sonriera.
Esperé por 15 minutos y un hombre alto y flaco llamo: señorita Katia, señorita Katia… pase por favor. La voz del hombre era dulce, se asemejaba a la del viejito de la tienda de la esquina. En fin, entre con mucha confianza al oficina. El señor flaco se presento, era el director de Recursos Humanos de la compañía. Después de charlar con él un par de minutos, vio mi curriculum y después me vio de reojo y me contrato. Cuando salí de la oficina me dijo: -pero no quiero que traiga esos zapatos a la oficina, son muy provocadores-. ¿Que tenían mis zapatos de provocadores?, no lo sé, pero era cierto que si quería conservar mi trabajo tendría que dejarlos en casa.
Al llegar a casa me sentí muy bien, había conseguido un empleo, sabía al menos que mis zapatos rojos me habían traído suerte.
Meses después me sentí de lo mejor el trabajo, el ambiente era genial todo parecía ir de maravilla, incluso había conocido a un chico, su nombre era Roberto, era tan divertido, recuerdo que solía hacerme reír hasta vomitar, bueno, no tanto, como sea planeamos un viaje juntos para nuestras vacaciones, casualmente nos tocaban juntos. Puerto Vallarta era nuestro destino. Dos días antes de irnos me llego una carta, era de Roberto. Al principio me emocione porque pensé que era una de esas cursilerías que haces cuando estas enamorado, cuando comencé a leerla quise matarlo, la carta decía:
Katia: te escrito esta carta con todo el dolor de mi corazón, eres el amor de mi vida pero no puedo continuar con esta farsa más tiempo. Yo se que te prometí muchas cosas y que jure que estaría toda la vida contigo, lo nuestro es imposible, ya basta. ¡ Ok , ya basta!. Siempre te lo quise decir pero nunca encontré el momento, eres como mi alma gemela, todos los momentos que pasamos juntos me hacen pensar en el maldito que he sido al no decirte la verdad. Así que respeto la decisión que vayas a tomar después de esto. Katia… Tengo esposa. Pero te ofrezco mi amistad y estaré ahí para lo que quieras.
Cuando termine de leer aquel tormentoso recado sentí morir, quise enterrarle un cuchillo en sus genitales, pero pensé en algo mejor; matar a su esposa.
Aquel día comenzaban mis vacaciones y mi padre me pregunto ¿qué era lo que me pasaba que estaba muy misteriosa?, yo solo le dije:- solo pienso en el trabajo pa’, no te preocupes-.
Mientras planeaba como destrozaría su vida matando al ser que lo había apartado de mí, venían a mi mente todos los momentos que pasamos juntos. Recuerdo un fin de semana en Valle de Bravo, una de mis tías me prestó su casa para pasar un fin de semana. Era 19 de abril, mi cumpleaños, el vino tinto uno de los mejores instrumentos de aquella noche. Mientras el preparaba la cena, yo contemplaba el anochecer, después de la inolvidable velada, todo fue como un sueño, la estrellas fueron los testigos, la luna el juez y yo jure amarlo para toda la vida.
Tres horas después mi plan estaba por culminar, su esposa salía de un restaurant cuando la tome por la espalda y enterré un cuchillo de cocina entre sus pulmones, cuando cayó al suelo vi que usaba uno de esos camisones para embarazadas. Me quede inmóvil por más de 15 segundos, alguien venia hacia mí, corrí lo mas que pude pero fui embestida por el vigilante del estacionamiento.
Aquel día me puse mis zapatos rojos que estuvieron guardados para una ocasión especial. Y después fui acusada de doble homicidio. Pasare el resto de mi vida en prisión pagando por el crimen sin nombre que cometí.
Bueno ese sería un final que cualquier mortal esperaría por su sentido intocable y limpio de justicia. Pero déjenme corregir:
…cuando cayó al suelo vi que usaba uno de esos camisones para embarazadas. Me quede inmóvil por más de 15 segundos, alguien venia hacia mí, era el vigilante del estacionamiento, corrí lo mas que pude y el pseudo policía regordete que me perseguía se canso después de 6 cuadras. Llegue a casa exaltada, pero no volví a pensar en esa imagen que mire por más de 15 segundos, solo me quite los zapatos rojos que me había regalado mi papá y los que guarde para una ocasión especial y me di un baño caliente en el que lave mi alma y me sentí mejor.
Por: VIRY FIERU
Todo lo que se encuentra en este blog es de mi autoria, gracias.
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